
En una columna de opinión publicada en el diario La Nación, el titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, propone un cambio de paradigma en el análisis de la crisis productiva del país, rechazando la idea de que los sectores manufactureros locales sean creaciones ficticias protegidas por el Estado. Para el dirigente fabril, la actual coyuntura no está revelando una falta de eficiencia intrínseca, sino el impacto de un sistema de precios y costos profundamente alterado durante décadas. Rappallini argumenta que “el desafío no es achicar la economía, sino reducir el costo del sistema que la hace inviable”, planteando que, si se logran corregir las distorsiones de fondo, la industria nacional pasará de ser un sector que simplemente intenta sobrevivir a convertirse en una de las palancas fundamentales para el desarrollo económico de la Argentina.
Rappallini inicia su análisis desarmando lo que considera una visión simplificada del debate económico actual, que asocia la estabilización con la caída de sectores “artificiales”. Al respecto, el presidente de la UIA sostiene: “la explicación correcta es que no hubo una economía sobredimensionada, sino una economía profundamente distorsionada. Lo que existió fue un sistema de precios alterado de manera persistente, donde producir no reflejaba los costos reales de eficiencia, sino el impacto acumulado de distorsiones estructurales”.
Entre estos factores que alteran el cálculo económico, el directivo identifica una serie de anclas que condicionan la capacidad de las empresas para ser rentables. Según señala, el sector opera bajo “una presión impositiva muy elevada, costos financieros extremos en un contexto de escasez de crédito, ineficiencias logísticas, regulaciones que agregaron rigidez y una inflación persistente”. Para Rappallini, estos elementos explican por qué actividades con potencial competitivo en condiciones normales hoy no logran prosperar, dejando como saldo un “estancamiento, la caída del producto bruto interno (PBI) per cápita y la baja inversión”.
15 años de estancamiento y "supervivencia"
El informe del titular de la central industrial aporta datos crudos sobre la realidad de sectores clave como la producción automotriz, el cemento y el acero, que actualmente se encuentran por debajo de los niveles registrados en 2011. En este marco, Rappallini es tajante al afirmar que la industria en general está estancada desde hace 15 años y que, en este proceso, “no hubo sectores ganadores. Hubo empresas que sobrevivieron en un contexto adverso y que destinaron gran parte de sus recursos a compensar incongruencias”.
Bajo esta mirada, el concepto de “economía artificial” es reemplazado por el de una “economía tensionada, que gestionó como pudo los sobrecostos estructurales y no tuvo incentivos para la inversión”. El problema central, según el dirigente, es que la ineficiencia que se observa no es empresarial, sino del entorno sistémico que encarece cada eslabón de la cadena productiva.
En el tramo final de su columna, Rappallini advierte sobre los riesgos de una apertura comercial que no contemple las asimetrías internas de la Argentina. Si bien reconoce que integrarse al mundo es el camino necesario, subraya que la secuencia de implementación es determinante para evitar daños irreversibles en el tejido productivo. “La industria pide competir con reglas y costos comparables a nivel global, porque la competitividad es sistémica. Abrir sin corregir las distorsiones genera competencia desigual y muchos sectores con potencial competitivo no logran adaptarse a tiempo”, explica con preocupación.
Finalmente, el presidente de la UIA concluye que la verdadera discusión debe centrarse en otorgar a la industria argentina las mismas condiciones de calidad y precio que exigen los consumidores globales. El diagnóstico es esperanzador si se toma la decisión de atacar las causas raíz: “Si se entiende que el problema es ese costo, la respuesta debería ser corregirlo. Si se corrigen las distorsiones, la industria argentina ya no será una sobreviviente, sino una de las principales soluciones para el desarrollo de la Argentina”.